martes, 23 de junio de 2015

Mujeres son más susceptibles a padecer síndrome del estrés laboral

El Burnout afecta la productividad, el estado de ánimo y la energía de quien lo padece


La Psicoterapeuta Natalia Salinas informa que las mujeres son quienes la padecen más, así como también en personas menores de 35 años de edad, solteros y quienes no cuentan con apoyo familiar. En los primeros años de empezar a ejercer una carrera profesional, es común que suceda. Aunque también menciona que las amas de casa también lo pueden presentar al intentar balancear sus obligaciones del hogar y atender a sus hijos y esposo.

La Psicoterapeuta menciona que el ambiente laboral influye en este padecimiento, ya que al estar en una empresa donde sus trabajadores se sienten importantes, escuchados y que pueden aportar, beneficiará en su productividad y bienestar.

 
Fuente: SanDiegoRed, 23 de junio de 2015
 
 
Se deben seguir una serie de pautas para reducir o evitar el llamado burnout: llevar un estilo de vida saludable, cuidando la alimentación, hacer ejercicio y dormir bien. También habría que fijar unos límites, aprender a decir “no”, cuando física y mentalmente no se pueden adquirir nuevas responsabilidades. Por más trabajo que se tenga es importante no sobreextenderse y controlar el estrés. Hay que establecer un tiempo diario para desconectarse por unos minutos por completo de las tareas laborales. 

Si ninguna de las anteriores tiene el efecto esperado, habría que buscar ayuda profesional o plantearse la búsqueda de otro empleo para encontrar el equilibrio entre la vida laboral y la vida personal.

jueves, 18 de junio de 2015

Aumenta el estrés laboral por la digitalización

Un tercio de los trabajadores siente más presión por la irrupción de las nuevas tecnologías en la empresa

El 37% de los trabajadores se ve sometido a niveles de presión altos debido a la digitalización de sus empleos que no les permite separar la vida laboral de la personal y al estrés laboral que ello provoca, según un estudio elaborado por Edenred e Ipsos.
 
De acuerdo con el estudio, la digitalización del trabajo aumenta el estrés laboral, ya que la localización permanente hace que los empleados de las empresas se sientan requeridos fuera de su horario laboral. El informe basado en encuestas voluntarias a 800 trabajadores del Estado revela que al 65% se le requiere, a menudo o de vez en cuando, fuera de su horario de trabajo y que el 30% de los empleados tienen que trabajar frecuentemente el fin de semana mientras que un 16% tiene que dedicar tiempo de sus vacaciones al trabajo.
 
Paralelamente, el 51% de los encuestados tiene que resolver asuntos personales durante su horario laboral. El director de Marketing de Edenred, Manuel Asla, explicó en la presentación del estudio que estas situaciones están vinculadas a la conectividad a través de dispositivos digitales, que “difumina” la separación entre vida laboral y familiar. El 41% de los trabajadores se muestra insatisfecho con este equilibrio, cuatro puntos más que en 2014, cuando se realizó la anterior edición del Barómetro sobre bienestar y motivación de los empleados.


Así, el estudio señala que la nota media sobre el estrés laboral es de 6,6 sobre 10, similar a la de años anteriores. Además, el 20% de los encuestados sitúa su nivel de estrés en una puntuación entre el 8 y el 10, sin que afecte la edad. Como impactos positivos de la digitalización, un 51% de los encuestados señala que mejora su autonomía en el trabajo, un 49% su calidad laboral y el 49% considera que mejora su relación con los clientes.
 
Por otra parte, el estudio indica que el 28% de los empleados españoles consideran que podría obtener fácil y rápidamente un empleo similar si perdiera el que tiene actualmente.
 
 
Fuente: Efe, 10 de junio de 2015
 
 
Es un grave problema de nuestro tiempo. Los nuevos y cada vez más avanzados aparatos tecnológicos permiten la conectividad con el trabajo prácticamente desde cualquier sitio. Cualquier trabajador que se encuentre de vacaciones tiene el móvil a mano por el que puede recibir llamadas y correos por parte de la empresa y si cuenta con un ordenador o similares podría incluso realizar alguna tarea urgente.
 
Esto provoca una total falta de independencia entre la vida laboral y personal. Hay que saber diferenciar tiempo de trabajo del resto de tiempo que se puede utilizar para lo que se quiera.
 
El peligro radica, en que la incapacidad de emplear las tecnologías de manera saludable acaba provocando en el trabajador: irritabilidad, insomnio, dolores de cabeza y trastornos gastrointestinales, entre otros síntomas

martes, 16 de junio de 2015

El síndrome del trabajador quemado

El desgaste profesional puede deberse a una mala organización de las tareas por parte de la empresa o a la propia autoexigencia

Sobrecarga de trabajo, expectativas demasiado altas o falta de directrices claras por parte de los responsables de una empresa. Hay múltiples factores que pueden conducir a un empleado a sufrir burnout, en español síndrome del trabajador quemado. “Todavía se está estudiando la definición más exacta, pero se refiere a un estado de agotamiento y un sentimiento de falta de eficiencia que derivan en negligencia con los objetivos a cumplir por parte del trabajador”, señala Jesús Montero-Marín, psicólogo clínico e investigador en el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud.
 
El síndrome se origina por el padecimiento de estrés laboral crónico y la principal diferencia con una depresión es que mientras ésta conlleva agotamiento y falta de ilusión por la vida en general, el burnout se restringe al ámbito del trabajo. Si no se trata a tiempo, puede acabar afectando a todos los niveles.
 
¿Cómo puede una persona saber si lo padece? Si se levanta habitualmente cansado y sin ganas de ir a trabajar pese a haber descansado más de siete horas, siente que está dejando de lado su vida personal para atender sus tareas laborales y lo que inicialmente le proporcionaba desafíos y gratificaciones le resulta indiferente, ahí puede saltar la alarma. Otro indicador es que la calidad de las interacciones con las personas a las que atiende sea cada vez peor, o que tenga el sentimiento permanente de ser ineficiente. “A nivel psicosomático se puede manifestar con insomnio, problemas en la piel, dolor de cabeza… A cada uno se le puede manifestar de una forma distinta, según su tolerancia al estrés y sus características personales”, indica el psicólogo Jesús Montero-Marín, miembro de un grupo de investigación sobre burnout integrado por la Universidad de Zaragoza y el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud.

Tres niveles de burnout

El grupo de investigadores de la Universidad de Zaragoza y el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud ha identificado tres perfiles de burnout:
- Frenéticos: son aquellos trabajadores que tienen la sensación de estar sobrecargados, abandonando su vida personal y su salud para atender las tareas laborales.
- Sin desafíos: se sienten indiferentes hacia las tareas que tienen que realizar. No se sienten motivados y tienen en mente cambiar de trabajo. Suele asociarse a profesionales ligados a trabajos de tipo administrativo o burocrático.
- Desgastados: sienten que no controlan los resultados de su trabajo y que no se les reconoce el esfuerzo. Finalmente, optan por ser negligentes y por abandonar sus responsabilidades.
Los tres estadios requieren de un terapeuta que diagnostique el grado y ayude a reorganizar los pensamientos, sentimientos y conductas.
 
En España no existen datos del nivel de burnout entre los trabajadores. El grupo de investigadores de la Universidad de Zaragoza y el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud publicó en 2011 un estudio que señala que el 30% de los profesores de primaria de las escuelas públicas aragonesas podría sufrir el síndrome, un porcentaje que en el caso de los docentes de secundaria podría superar el 40% y en el de los empleados de las universidades -personal administrativo, investigadores y profesores- podría rondar el 18%. El diagnóstico no es fácil. En España hay muy pocos psicólogos especializados en burnout. Todavía queda mucho por investigar.
 
 
 
Fuente: Ana Torres Menárguez, El País, 16 de junio de 2015
 
 
 
El papel de las empresas para prevenir este síndrome es esencial, ya que muchas veces se debe a la falta de organización de la propia compañía. Las empresas deberían incluir en su formación, ciertas herramientas para hacer frente al estrés.
 
Los trabajadores necesitan saber que lo que hacen tiene un objetivo para la empresa, deberían disfrutar con su labor y eso provocaría una reducción en los niveles de activación, y por tanto se podría mantener el estrés a raya. Un sujeto que está "quemado" provoca que vaya enfermando poco a poco y sienta que está malgastando su vida. ¿Trabajar para vivir o vivir para trabajar?
 
En el caso español, se puede observar que los funcionarios y empleados públicos son los que más sufren este síndrome. Cambian su salud por un trabajo estable pero rutinario, sin capacidad de decisión, sin objetivos ni motivaciones.  
 


miércoles, 10 de junio de 2015

El “mobbing” afecta al 15% de los trabajadores

El "mobbing" o acoso laboral, un fenómeno silencioso que afecta a un 15% de los trabajadores y que tomó un nuevo impulso en los últimos años con la expansión de la tecnología, es el hostigamiento que por venganza, envidia u otras razones se ejerce sobre un subordinado, un compañero e inclusive un jefe a quien se ve como "una amenaza", mediante un plan sistemático y oculto para "quitarlo del medio" o "hacerlo callar", advirtió el psicólogo español Iñaki Piñuel, en una reciente exposición en Buenos Aires.
 
El acoso puede durar meses o años y la víctima puede desarrollar graves consecuencias psicológicas y enfermedades sicosomáticas. Tanto es así que hasta han habido casos de suicidio o síntomas similares al estrés post traumático.
Piñuel, que investiga el tema desde el 2000 y trabajó sobre la base de 3.000 casos de mobbing, señaló que en el 70% de ellos el hostigamiento es de un jefe a un subordinado, aunque también se da entre compañeros de trabajo y en un 9%, de un empleado a alguien con mayor rango jerárquico.
 
Tras 15 años de estudio, se detectó 43 formas de mobbing, siendo la envidia el motivo más frecuente, seguida por el chantaje, demandar respeto a los derechos laborales, ser diferente a los demás, solidarizarse con otros, el éxito profesional, razones de género o negarse a participar de ilegalidades o actos de corrupción.
Los casos de acoso laboral son frecuentes y existen, pero no dejan marca porque no se trata de violencia física.
 
El maltrato verbal también es utilizado con frecuencia y aumenta con el tiempo con acusaciones falsas. Esto incluye inducir intencionalmente a la víctima a cometer errores, privarla de la información necesaria para hacer su tarea, divulgar "leyendas negras" sobre su persona, aislarla o sobrecargarla de trabajo para que no pueda finalizarlo.

En las administraciones públicas se dan con frecuencia los casos de "mobbing técnico", que es cuando un trabajador se lo deja adrede sin nada que hacer. Esto lleva con el tiempo a que presente síntomas similares al estrés post traumático.
El ámbito público es donde más se da el acoso laboral y le siguen los trabajadores sociales, los empleados de la sanidad, la industria y los bancarios.
 

Fuente: docsalud, 9 de junio de 2015

 
Cuando el hostigamiento es reiterado y sistemático y la víctima no tiene escapatoria porque debe ir a su ámbito de trabajo para no ser despedido, esta última entra en un proceso de victimización que lo paraliza, lo que favorece los planes de su hostigador.

Los acosadores ponen en marcha esta maquinaria demoledora por distintas razones, entre las que podemos destacar los celos, la envidia, no sólo centrada esta última sobre los bienes materiales de la víctima, sino sobre las cualidades personales positivas de la misma, como puede ser su inteligencia, su brillantez personal, su ecuanimidad, etc.

Esta situación se produce sobre todo cuando se incorporan nuevos trabajadores/as jóvenes y preparados, amenazando la promoción profesional e incluso la permanencia del acosador en la organización o viceversa, es decir los jóvenes tiburones que se incorporan a la empresa acosan a sus directivos para ocupar su puesto. También es habitual que los ataques se produzcan porque la víctima tenga ciertos rasgos diferenciales respecto al resto del grupo, como por ejemplo el color de su piel o alguna característica física que es aprovechado por el acosador para ensañarse con ella. De hecho se detecta un mayor índice en mujeres jóvenes, embarazadas u homosexuales.
 

martes, 9 de junio de 2015

El 85% de las empresas viola la ley por no prevenir la violencia laboral

Los riesgos de acoso moral o sexual se ignoran en la mayoría de convenios


Agresiones verbales o acoso sexual. Pero también órdenes contradictorias o aislamiento. Alrededor del 6% de los trabajadores españoles sufre algún tipo de violencia laboral, y el 28% padece habitualmente conductas violentas de baja intensidad, según la V Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo de 2008. Sin embargo, a pesar de esta realidad, solo el 16% de las empresas españolas tiene algún protocolo para tratar la intimidación y el acoso; y apenas el 14% realiza evaluaciones de estos problemas, pese a que la ley obliga a ello. Así, la violencia laboral se ha transformado en una lacra oculta que además, según un informe inédito de UGT, elaborado con más de 1.300 entrevistas a trabajadores y expertos en riesgos laborales, se agrava por la crisis.
 
La ley de prevención de riesgos laborales, de 1995, exige al empresario garantizar la seguridad y la salud de los trabajadores en todos los aspectos relacionados con el trabajo. Eso incluye los riesgos psicosociales y, con ellos, la violencia laboral. De hecho, la Inspección de Trabajo interpuso en 2009 (último año del que hay datos) 194 sanciones a empresas por infracciones relacionadas con esos riesgos (no hay desagregación por violencia laboral).

Se ha avanzado en la evaluación y la prevención de los accidentes laborales, pero los riesgos psicosociales, que además van a emerger con el paso de los años, se han analizado y prevenido menos porque son menos visibles.
Pueden estar, efectivamente, más ocultos que los accidentes en el trabajo, en los que el año pasado perdieron la vida 556 personas. Pero el análisis realizado por UGT ha detectado que el 11% de las empresas tiene situaciones de violencia laboral o acoso sexual. Acciones que "tienen potencial para afectar la salud del trabajador", según Trabajo; y que pueden ir desde ataques a la víctima con medidas organizativas hasta ofensas hacia las aptitudes del trabajador o su vida privada y rumores.

La violencia laboral se puede dar por parte de un superior a un trabajador, pero también puede llegar desde los iguales. Eso es lo que le ocurrió a Verónica G. P., de 31 años, que sufrió agresiones verbales y amenazas por parte de un compañero de su empresa, en el País Vasco, después de que decidiera dejar uno de los sindicatos activos en la compañía. "Me estuvo gritando y amenazando durante 40 minutos. Llegó a levantarme la mano. Todo delante de otros cuatro trabajadores que no hicieron nada", cuenta. Verónica le denunció: primero a la empresa y después a la policía. Llevó el caso a los tribunales, pero lo perdió. En la sentencia, la juez da crédito al testimonio de la afectada, pero desestima el caso "por falta de pruebas objetivas". Ninguno de los cuatro trabajadores que presenció lo ocurrido quiso admitirlo. Y la empresa, tras una investigación interna, se limitó a imponer una falta leve al implicado.
 
Las empresas no asumen la violencia laboral como un verdadero riesgo, por eso no lo evalúan. Solo 50 de más de 5.500 compañías españolas recogen los riesgos psicosociales en su convenio colectivo y ni siquiera todas las que lo hacen hablan de este problema.
La violencia laboral se da en todo tipo de empresas. Sin embargo, es más común en los sectores relacionados con la sanidad, el trabajo social y la educación, donde el 50% de los directivos considera este fenómeno como un grave problema de salud, según datos de 2011 de la Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo. Además, advierten los expertos, hay factores que la fomentan, como la intensificación del trabajo, la precariedad y la mayor flexibilidad.
 
Este problema soterrado acaba haciendo mella en el bienestar físico y psicológico de los empleados, que pueden sufrir desde dolores de estómago, de cabeza y musculares, hasta problemas de audición, de visión, trastornos del sueño, irritabilidad o alergias. Síntomas que derivan, en muchos casos, en bajas prolongadas por enfermedad que suponen un alto coste tanto para la economía y la salud.
 
Hace cinco años, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña acordó indemnizar al marido de una médica residente que se arrojó al vacío desde la azotea del hospital en el que trabajaba. Un suceso que el tribunal definió como "accidente laboral" debido a la "sobrecarga física y psicológica" derivada de las obligaciones laborales que soportaba la mujer. Y no ha sido el único caso de este tipo que se ha saldado con un proceso judicial y una indemnización para la familia del afectado. Por eso, advierte UGT, se debe prevenir este problema antes de que ocurra. De hecho, este sindicato ha elaborado un manual, que acaba de avalar el Ministerio de Trabajo, para que las empresas puedan adoptarlo y atajar la violencia laboral.
 
Sin embargo, su radiografía añade otra crítica: las enfermedades causadas por la violencia laboral no siempre son diagnosticadas como laborales, a pesar de que así las fija la ley. Un perjuicio para los afectados. Un trabajador de baja por enfermedad común recibe el 85% del sueldo, frente al 100% del salario y la cobertura total del tratamiento que recibe quien tiene una patología laboral.


Fuente: María R. Sahuquillo, El País, 27 de abril de 2011


Existen tres tipos de violencia laboral psicológica: acoso sexual, acoso moral y acoso discriminatorio.

El problema del acoso moral en el trabajo o mobbing debe ser tenido en cuenta por las empresas porque puede incidir en su funcionamiento, en su imagen exterior y en sus resultados económicos. La adopción de políticas activas contribuirá a eliminar el acoso laboral pero también a detectar las situaciones que no constituyen un acoso moral en el trabajo e, incluso, suponen un fraude por parte del empleado. Finalmente, las consecuencias para la empresa frente a posibles reclamaciones judiciales o extrajudiciales se reducirán o incluso no existirán si, mediante la adopción de las medidas apropiadas, resulta evidente que el mobbing se produjo pese a la firme voluntad empresarial de evitarlo.

Por tanto, las empresas deben adoptar medidas para poder determinar los casos reales de mobbing y actuar de forma rápida ante ellos. No puede ser que compañeros vean las acciones de acoso a la víctima y no sean capaces de apoyarla o denunciar el caso por miedo a sufrir consecuencias. Deberían existir políticas de asistencia para este tipo de casos.

domingo, 7 de junio de 2015

Crece la demanda de coaching por estrés laboral

Aunque parezca una paradoja, en un sociedad globalizada donde la crisis económica repercute a la mayoría de los países, y el desempleo es noticia, el estrés en el ámbito laboral angustia al trabajador cada vez más. Y por ello, la demanda de coaching o las visitas al psicólogo crecen.
La Organización Mundial de la Salud define al estrés como "la respuesta no especifica del organismo a cualquier exigencia de cambio". El aumento de la carga de trabajo, la posibilidad de ser despedidos, trabajar más horas de lo estipulado, desarrollar tu trabajo en un entorno hostil, son motivos suficientes como para no rendir.
 
Ese sometimiento a situaciones imprevistas o límite que requieren por nuestra parte más atención, esfuerzo físico y mental, se traduce en sensaciones desagradables (sudores, tensión muscular) y sobre todo, una falta de concentración en el trabajo.
Más del 28% de los trabajadores europeos sufren de estrés, y el porcentaje va en aumento. Y esta cuestión no es irrelevante, además de afectar a la salud del trabajador (lo más importante) el rendimiento será cada vez más bajo.
 
Es frecuente escuchar "estoy quemado". Observar que cuando llega el momento de desconectar y retomar con energía la semana, la persona se siente agotada, desanimada y sin mucha gana de acudir a su puesto de trabajo.
Los trabajadores son el principal activo de una empresa. Al igual que sus ideas deberían ser tomadas en cuenta por el gerente, cuando un trabajador no puede afrontar un estrés que le supera, es hora de ponerse en manos de un profesional o de tomar las riendas de la situación.

Algunos consejos

Practicar yoga, meditación o un deporte que nos ayude a liberar el estrés no sólo será beneficioso para alcanzar cierta tranquilidad, sino que nos ayudará a pensar con claridad. En busca de la calma mental. Cuando pensamos en varios temas a la vez, nos agobiamos y la tendencia natural es no resolver ninguno. Hay que evitar a toda costa la dispersión. Está comprobado que el estrés y la ansiedad aparecen cuando dejamos para luego algunas tareas. Desterrar pensar que el futuro será lo mejor. El presente y lo que estamos haciendo en estos momentos es lo importante.
 
El mindfulness, muy de moda en occidente, está basado en el budismo y se trata de algo tan sencillo, como prestar atención, momento por momento, a pensamientos, emociones, sensaciones corporales. El cerebro se enfoca en lo que es percibido a cada momento, en lugar de divagar sobre el pasado o el futuro.
No deberíamos tomarnos a la ligera esas señales que nos manda nuestro cerebro con forma de ansiedad, agresividad, apatía o depresión en el ámbito laboral. Ponerse en manos de un experto o cambiar nuestros hábitos tanto a nivel físico como mental, nos ayudará a relativizar las situaciones, por muy complejas que sean.



Fuente: Joana Sánchez, Pymes y Autónomos, 29 de mayo de 2015
 
 
El estrés laboral es una gran amenaza para la salud de los trabajadores, y por supuesto incide negativamente en los resultados empresariales. Por eso mismo, es necesario preocuparse por reducirlo a sus niveles mínimos, incluso en momentos en que se encuentra en altos niveles. Ahí es donde actúa el coaching, y por eso precisamente se recurre más a él.
 
El Mindfulness es hoy por hoy sin duda el arma más poderosa para acabar con el estrés en el trabajo: ayuda a controlar mi nivel de estrés en el trabajo, mejorar la escucha activa y provocar una reducción de la dispersión.

viernes, 5 de junio de 2015

Un 14% de los trabajadores sufrió algún tipo de acoso laboral en los últimos seis meses

Aunque es un fenómeno bastante extendido, los expertos no han podido dar aún una definición común y precisa de lo que es el acoso laboral o bullying. Basándose en la literatura previa, David González, del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y José Luís Graña, de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense lo han definido en su estudio como un “proceso de agresión sistemática y repetida por parte de una persona o grupo hacia un compañero, subordinado o superior”. El trabajo ha sido publicado en el último número de Psicothema.

El acoso laboral es un fenómeno multicausal, capaz de producir consecuencias negativas en los trabajadores, en su esfera sociofamiliar, y en la propia organización del trabajo.
 
De los datos obtenidos, los investigadores destacan que un 14% de la muestra ha afirmado sufrir situaciones de acoso psicológico durante los últimos seis meses. En particular, un 5,8% de forma frecuente y el resto, un 8,2%, de forma ocasional. En 2000, la Organización Internacional del Trabajo situó en un 5% la prevalencia de supuestos de acoso laboral, una cifra similar a la obtenida ahora por este estudio.
Los resultados vierten también la evidencia de que son las mujeres quienes sufren más el acoso laboral, un dato coincidente con otros estudios realizados al respecto.
 
Desmienten los mitos del ‘mobbing’
Sin embargo, el trabajo contradice los resultados previos que señalaban a los trabajadores de menos de 30 años como “los más vulnerables al acoso”. El estudio afirma que son los mayores de 45 años quienes aparecen como el principal grupo laboral acosado.
Ocurre de la misma manera con el mito de que los trabajadores con contratos temporales sufren más acoso. De acuerdo con la investigación, “se ha evidenciado que no son los trabajadores más jóvenes los que están más expuestos al acoso laboral, sino que son trabajadores con una supuesta mayor estabilidad contractual” quienes padecen más este tipo de conductas.
Del mismo modo, los lugares con menos de 50 trabajadores son más proclives a acoger situaciones de mobbing, probablemente por la falta de un “comité de seguridad y salud” (tal y como marca la Ley de Prevención de Riesgos Laborales) que es frecuente en centros más grandes.
Estar afiliado a un sindicato, tener antecedentes de baja laboral o haber recibido tratamientos especializados previos son variables que suelen aparecer con más frecuencia en situaciones de mobbing.
 
Por último, el estudio señala que sólo en un 9% de los casos el acoso procede de una persona subordinada. En cambio, el 47,2% de los casos registrados eran de acoso vertical descendente, también conocido como bossing, y que representa la forma más habitual de acoso en España.

Fuente: SINC, 3 de junio de 2009
 
 
En los países anglosajones se utiliza el término mobbing para definir el acoso moral en sentido horizontal. Es decir, entre trabajadores del mismo nivel. Cuando esa situación se produce en sentido vertical, de superiores a inferiores, se habla de bossing.
 
El inicio del acoso suele empezar de forma anodina, como un cambio repentino de una relación que hasta el momento se consideraba neutral o positiva. Suele coincidir con algún momento de tensión en la empresa como modificaciones organizativas, tecnológicas o políticas. La persona que sufre el mobbing comienza a ser criticada por la forma de realizar su trabajo, que por otro lado, hasta el momento era bien visto. Al principio, las personas acosadas no quieren sentirse ofendidas y no se toman en serio las indirectas o vejaciones. No obstante, la situación resulta extraña para la víctima porque no entiende lo que está pasando y tiene dificultad para organizar conceptualmente su defensa.
 
Este estudio nos ayuda a saber cuales son los grupos más afectados por mobbing. Los mayores de 45, probablemente por llevar muchos años en la empresa; los que tienen contratos fijos, por la dificultad para despedirlos; aquellos con mayor número de bajas laborales, porque pueden estar beneficiándose del sistema; los afiliados a un sindicato, porque están más protegidos ante situaciones de riesgo.