jueves, 4 de junio de 2015

La violencia en el lugar de trabajo eleva hasta un 48% el riesgo de sufrir depresión clínica

Las personas sujetas a violencia real o amenazas en el trabajo poseen hasta un 48 por ciento más de riesgo de caer en la depresión clínica en el caso de los hombres y un 46 por ciento en el de las mujeres, según un estudio del Hospital Universitario de Aarhus (Dinamarca). Las conclusiones del estudio, que se publican en la revista 'Journal of Epidemiology and Community Health', muestran que los profesionales de la sanidad, la educación y la asistencia social son los más ligados a situaciones violentas en su medio laboral.

Los descubrimientos se basan en las profesiones de más de 14.000 pacientes hospitalarios de entre 18 y 65 años que habían sido tratados de depresión o trastornos por estrés entre 1995 y 1998. Estos pacientes fueron comparados con 38.000 personas sin problemas de salud mental y emparejados según edad y sexo. Se preguntó a todos los participantes sobre sus trabajos y si sufrieron situaciones de violencia en el trabajo en los 12 meses anteriores.

La prevalencia de violencia real o amenazas fue más elevada entre quienes trabajaban en salud, educación y sectores de trabajo social. Los empleados varones se encontraban bajo un riesgo más elevado que las mujeres.

La exposición a la violencia aumenta el riesgo de depresión un 45 por ciento en las mujeres y un 48 por ciento en los hombres en comparación con aquellas personas que no sufren situaciones de violencia en sus lugares de trabajo. Los trastornos asociados al estrés fueron un tercio más propensos en mujeres y un 55 por ciento en hombres. Las conductas amenazantes elevaban la probabilidad de depresión en un 48 por ciento en las mujeres y los trastornos asociados al estrés casi en un 60 por ciento.

Los autores señalan que ser sujeto de violencia podría estimular en exceso el sistema nervioso autónomo lo que se traslada a un trastorno emocional, incluso en aquellos con características de personalidad estables.


Fuente: Europa Press, 10 de agosto de 2006
 
 
En general, la vulnerabilidad de cada individuo varía en función del contexto en el que se produce la violencia y de las características personales de la víctima. En los casos de violencia física, los hechos son bastante fáciles de determinar. Es más difícil predecir cómo reaccionará la víctima potencial ante actos reiterados de violencia psicológica.
 
Las consecuencias para el individuo son muy diversas, y van desde la desmotivación y la pérdida de satisfacción por el trabajo realizado hasta el estrés y los daños para la salud física o psicológica. Pueden darse síntomas postraumáticos, como miedo, fobias y alteraciones del sueño. En casos extremos, se puede producir un trastorno de estrés postraumático.
 
La violencia influye asimismo en la organización, ya que los que trabajan en un ambiente de miedo y resentimiento no pueden rendir al máximo. Los efectos negativos para la organización se reflejarán en un aumento del absentismo, un descenso de la motivación, una menor productividad, un deterioro de las relaciones laborales y dificultades de contratación. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario