El trastorno, literalmente 'estar quemado', implica un agotamiento emocional por la relación personal con alumnos o compañeros
Investigadores de la Universidad de Murcia (UMU) han constatado que el 65% de los profesores de Primaria, Secundaria y Bachillerato sufre el denominado síndrome del 'burnout' o alguno de sus episodios más tempranos.
En concreto, el 12% de los docentes padece el síndrome de forma "evidente", y otro 53% tiene una tendencia o riesgo objetivo de sufrirlo, tras una muestra de 95 profesores de estos niveles educativos.
Estos profesores están agotados emocionalmente, se sienten más fríos, ariscos y cínicos en su relación con los alumnos o el resto de docentes, y no se encuentran realizados en su trabajo.
Los profesionales de la Educación están muy expuestos a este síndrome porque se ven obligados a tratar a mucha gente y establecer relaciones intensas con ellos durante mucho tiempo.
De todas formas la incidencia del 'burnout' es semejante en todos los ámbitos laborales, porque son contextos en los que las interacciones son duras, hay una presión diaria y existe una obligación de colaborar y de entenderse con compañeros o superiores. Además, es una relación extensa en el tiempo y provoca un agotamiento mental y físico.
Primero se experimenta un agotamiento emocional al tener la obligación de ver a la persona que le ocasiona esa fatiga. Se intenta mantener el menor contacto posible con dicha persona para que este sentimiento no se intensifique y por último, se pregunta por qué sigue viendo a esa persona .
Fuente: Europa Press, Murcia, 6 de julio de 2013
La profesión de profesor acarrea trabajar de forma intensa con un gran número de personas a lo largo del día y esto provoca un agotamiento emocional en aquellos que no son mentalmente fuertes o tienen la autoestima algo baja.
Este burnout conlleva unas consecuencias físicas, como insomnio, ansiedad, depresión. También puede suponer una consecuencia negativa en las relaciones interpersonales y dentro del trabajo.
Por eso, sería bueno que se tuviese apoyo sociofamiliar y si fuese necesario, tener un psicólogo que ayude a modificar las emociones hacia esa o esas personas que pueden hacer sentir mal, identificando el problema y cambiando el comportamiento para ser más optimista.
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